Prefacio

La iglesia y la familia son las dos instituciones que Dios ha creado para la difusión de Su evangelio de la gracia y para el discipulado de Su pueblo. Esto implica que estas dos instituciones son las más importantes en la tierra.

La Confesión del CNIFI intenta sacar conclusiones bíblicas sobre la integración e interacción de estas dos instituciones ordenadas por Dios en la esperanza de ver la reforma bíblica en nuestros días. Define y discute los diversos roles y responsabilidades de las iglesias, familias e individuos para la gloria de Dios.

Oramos para que el Señor use esta confesión para ayudar a Su iglesia a recordar y recuperar los papeles complementarios bíblicamente definidos de la iglesia y la familia y reformarlos en consecuencia. Esto incluye exponer los errores de las familias que descuidan o minimizan el papel crucial de la iglesia local, así como los errores de las iglesias que descuidan o minimizan su responsabilidad de enseñar tanto tanto la masculinidad como la feminidad y la vida familiar bíblica.

La Biblia muestra un cuadro en el cual iglesias, individuos y familias están integrados, no segregados. Esto contrasta fuertemente con las iglesias modernas que fragmentan a las familias, así como a las familias que descuidan o rechazan la autoridad de la iglesia de Cristo, algo que prevalece hoy en día. Por lo tanto, esta confesión define y defiende la importancia de la integración por edades como un modelo bíblico de la vida de la iglesia para la gloria de Cristo, el bien de Su pueblo y la reforma de Sus iglesias compradas por sangre.

Estamos orando para que la iglesia del siglo XXI vea más familias integradas a la iglesia y más iglesias integradas por familias que abracen plenamente las doctrinas bíblicas que las definen y las embellecen.

Scott T. Brown, Presidente del CNIFI

 

Una Confesión de los Roles Complementarios de la Iglesia y la Familia

Una confesión del siglo 21 basada en la autoridad y suficiencia de las Escrituras por la necesidad de armonía y orden bíblico entre las jurisdicciones separadas pero complementarias de la iglesia local y la familia.

Introducción

En el nombre del Señor Jesucristo, creemos que la iglesia y la familia son instituciones sagradas, ordenadas y establecidas por el soberano Dios trino quien creó los cielos y la tierra. La revelación infalible de Dios, la Biblia, revela que tanto la familia como la iglesia son partes integrales del desarrollo de Su propósito eterno para Su propia gloria, comunicar el evangelio de Jesus Cristo a el mundo y ¨enseñar a todas las naciones¨ enseñándoles que guarden todo lo que Él ha ordenado (Mt. 28:16-20; 2 Ti. 3:16). Este evangelio de la gracia de Dios, revelado por medio de Jesus Cristo, es llevado a cada generación por la fiel proclamación de la Palabra de Dios hecha por la Iglesia (Sal. 145:4; Lc. 4:18; 1 Cor. 15:1-3; 1 Tim. 3:15; 2 Tim. 4:2-4). Así mismo, Dios ordena a los padres cristianos a “criar a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4), la cual incluye evangelizar sus niños en el evangelio de la gracia y enseñarles los tesoros de sabiduría y conocimiento que Cristo ha revelado y ordenado en Su Palabra (Dt 6:1-8, Col. 2:3; 2 Ti. 3:14-15). Las esferas complementarias y los papeles bíblicos de la iglesia y de la familia como se establece en las Escrituras son cruciales para el cumplimiento de la Gran Comisión. Debido a esto, el mundo, la carne y el diablo libran una guerra feroz e implacable contra la iglesia de Jesucristo y el orden bíblico de la familia. En consecuencia, los cristianos deben levantarse para defender el orden bíblico de la iglesia y la familia sin concesiones.

Un tiempo de guerra espiritual

Esta confesión surge en una era de guerra espiritual donde la iglesia está adoptando normas culturales y comprometiéndose en elementos críticos de la vida de la iglesia, resultando en el colapso generalizado de la vida familiar bíblica. La falta de comprensión e infidelidad a la Palabra de Dios en las iglesias locales y en las casas de familias que profesan ser cristianas ha contribuido a este declive del cristianismo bíblico y ha puesto en peligro la condición de la vida familiar bíblica en nuestras iglesias. La conducta infiel (1 Ti. 4:1) o incompetente (2 P. 3:16) en la iglesia conduce a prácticas anti-bíblicas. Estas prácticas no bíblicas y las tradiciones de los hombres contribuyen a la destrucción de la vida de la iglesia y de la familia, lo que trae más daño a nuestros hijos y en última instancia, causa el colapso de una sociedad piadosa. Estas tradiciones de hombres minimizan e incluso reemplazan la revelación autoritaria de Dios (Col. 2:8). Esto ha hecho que la iglesia de Jesucristo sea más vulnerable a las falsas enseñanzas derivadas del feminismo, el humanismo secular, la psicología secular, el darwinismo, el marxismo y otras ideologías no bíblicas. Estos vanos engaños son comunes en nuestra sociedad y se han infiltrado en muchas iglesias que han abrazado paradigmas mundanos para la iglesia y la vida familiar. En lugar de ser definidas por los elementos unificadores del orden bíblico para la adoración y el discipulado, las iglesias locales a menudo se conforman a las filosofías contemporáneas, seculares y pragmáticas que segregan, dividen y derriban el orden bíblico (Fl 1,27-28). En lugar de que la Palabra de Dios sea nuestra "sabiduría y... entendimiento a la vista de las naciones" (Dt. 4: 6), hemos adoptado los caminos de los no regenerados y nos hemos conformado a las convenciones de la cultura contemporánea. Uno de los frutos amargos de este compromiso son iglesias y familias débiles y fragmentadas.

Soluciones

Creemos que la solución bíblica a este problema es confesar nuestras prácticas equivocadas, arrepentirnos de nuestros errores y reformarnos a la norma revelada de Dios. Debemos confesar nuestros fracasos y rechazar las tradiciones no bíblicas de los hombres que hacen que la Palabra de Dios no tenga efecto alguno (Mc. 7:13). Entonces debemos sinceramente creer, seguir y enseñar todo lo que Dios ha ordenado en Su Palabra. De esta manera, tanto la iglesia como la familia tendrán la fuerza para honrar las órdenes, los patrones y los preceptos del Señor Jesucristo, el Jefe de la iglesia, y ser fortalecidos para servirle más fielmente en este mundo al obedecerle amorosamente.

Nuestra oración ferviente es que Dios levantará iglesias en las cuales las Escrituras son honradas, proclamadas y obedecidas como la única regla tanto para la doctrina como para la práctica; Dando como resultado el fortalecimiento de las iglesias y familias a través del rechazo de todas las doctrinas y prácticas no bíblicas. Como resultado, la iglesia y la familia estarán equipadas para hacer discípulos de Jesucristo de una manera bíblicamente fiel y para construir la casa de Dios de acuerdo con Su deseo.

La importancia de esta declaración

Si bien esta declaración trata asuntos importantes de la iglesia y la vida familiar con consecuencias significativas para el bien y para el mal, no creemos que la forma en que la iglesia y la familia se cruzan es el asunto más acuciante ante la iglesia moderna. Más bien, el asunto más apremiante en la iglesia de hoy es la comunicación y aceptación del verdadero evangelio de Jesucristo, lo que da como resultado una plena confianza y obediencia a ella tal como se revela en la Escritura (Mateo 28: 16-20). Por lo tanto, la necesidad de hablar a este tema de la iglesia y la vida familiar en este momento de la historia surge de un problema mucho más profundo que los roles complementarios de la iglesia y la familia. Este problema más profundo es el rechazo moderno de la Escritura como completamente suficiente para la iglesia y la vida familiar y la necesidad de volver al orden bíblico en la iglesia y la familia. Esta materia subyacente de la autoridad y la suficiencia de la Escritura está en el corazón de esta declaración.

Nuestra Intención

En esta declaración, buscamos identificar requisitos bíblicos específicos para la iglesia y la familia, para reconocer varios desvíos modernos de la Palabra de Dios concerniente a la iglesia y la familia, y para presentar la enseñanza bíblica que aborda algunos de los problemas en la iglesia y relaciones familiares.

Artículo I – La Escritura es Suficiente

Afirmamos que nuestro sabio Dios se ha revelado a Sí mismo y su voluntad en una revelación completa en los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamento, que es completamente adecuado tanto en contenido, como en claridad para todo lo que pertenece a la vida (la salvación) y la piedad (la santificación), incluyendo el orden de la iglesia y la familia (Dt 30:11-14; 1 Cor 11:1-12, 14:34; Gl. 1:8-9; Ef. 5:22-6:04; 1 Ti. 3:15; 2 Ti. 3:16-17; Heb. 1:1-2;  2 P. 1 :3-4).

Negamos/rechazamos que el pueblo de Dios debe referirse a la Palabra de Dios como inadecuada para la iglesia y para la vida familiar suplementando su revelación completa con principios de la psicología humanista, modelos de negocios corporativos y técnicas seculares modernas de mercadeo.

Artículo II – Cristo es la Cabeza de la Iglesia

Afirmamos nuestro Señor Jesucristo como Cabeza de Su Iglesia, después de haberla comprado con su propia sangre y que Él gobierna Su iglesia por su Santo Espíritu por medio de su Palabra, a fin de dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios y darle gloria a Él (Dt. 8:3; Mt. 28:18-20; Jn 17:17, Hch. 20:28; Ef. 1,19-23; Col. 1:18).

Negamos/rechazamos todas las invenciones y reglas hechas por el hombre que desprecian la Palabra de Dios, exaltan al hombre y usurpan la autoridad del Señor Jesucristo en Su iglesia.

Artículo III - La única esperanza es Jesucristo y su Evangelio

 

Afirmamos que la única esperanza para la iglesia, la familia y el mundo caído es el evangelio del Señor Jesucristo (Mal. 4: 6; Lc. 1:17; Jn. 14:6; Hch. 2:39, 4:12, 16:30-34; Ef. 2: 12-13).

 

Negamos/rechazamos que haya esperanza para la iglesia, la familia y el mundo caído aparte de Jesucristo y Su evangelio o que los miembros de la familia sean capaces de desempeñar sus funciones, ser adecuadamente reformados o experimentar la verdadera bendición excepto por el poder del evangelio salvando y santificando a sus miembros.

Artículo IV – Dios Creó a la Iglesia y a la Familia

Afirmamos que el Dios Todopoderoso es el Creador y preservador Soberano de su pueblo y de todas las instituciones que traen bendición a la humanidad, incluyendo la iglesia y la familia–y es por lo tanto merecedor de nuestro más alto honor y humilde obediencia (Gn. 1:28; Sal. 46:1, 77:13-15, 95:6-7, 100:3, 119:73; Pr. 18:10; Mt. 16:18, 19:06; Jn 14:15; Col. 1 :16-17; 1 Ped 4:19; Stg 1:17).

Negamos/rechazamos que nosotros, siendo meras criaturas, tenemos derecho a rehacer la iglesia y la familia de acuerdo a nuestras vanas imaginaciones, alterando el gobierno dictado por Dios, la adoración, los roles de género, o cualquier patrón normativo revelado en las Escrituras.

Artículo V – La Iglesia es eterna, mientras que la familia es temporal

Afirmamos que la iglesia es la eterna novia de Cristo, y la familia de Dios y que en el cielo “ni se casan ni se dan en casamiento” indicando que la familia, la cual es parte del proceso de creación, establecida para el cumplimiento del mandato de dominio aquí en la Tierra, cesa de existir en el cielo, pero que en la Tierra y en Cristo, la familia es el medio por el que se demuestra la relación entre Cristo y Su iglesia y para la crianza de los hijos en la “disciplina y amonestación del Señor” (Gn. 18:19; Mal. 2:15; Mat. 22:29-32; Ef. 5:22-33, 6:1-4).

Negamos/Rechazamos la idea de que la familia reemplaza a la iglesia en el tiempo, en la función o en el lugar estratégico y eterno que la iglesia tiene en el plan de redención, en el reino de Cristo y en el cumplimiento de la Gran Comisión.

Artículo VI – Las familias pueden ser divididas por el Evangelio

Afirmamos que el evangelio puede dividir a las familias porque el evangelio puede poner “en disensión al hombre contra su padre” y que “El que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí”, y que nuestro deber es obedecer a Dios antes que a el hombre si llega a existir algún conflicto entre las ordenanzas de un esposo o padre a los mandamientos de Dios (Mt. 10:35-37, Hch. 4:19-21, 5:21).

Negamos/Rechazamos que la lealtad a la familia deba suplantar la obediencia a Dios, lo que haría de la familia un ídolo.

Artículo VII – La Iglesia y la familia son complementarios en papel y la función

Afirmamos que la iglesia y la familia fueron diseñados para ser complementarios, compatibles y armoniosos porque a la familia se le ordena criar “semilla piadosa”, que la iglesia necesita para la próxima generación, y es el campo de desarrollo para líderes de la iglesia, mientras que la iglesia es responsable de dar a la familia su instrucción, disciplina, protección, compañerismo y adoración a Dios (Mal. 2:15; Hch. 2:42; Ef. 6:1-4; 1 Ti. 3:1-13; Tit. 1:6-9).

Negamos/Rechazamos la idea de que la iglesia y la familia tienen propósitos competitivos; Y que la iglesia o la familia pueden ignorar los mandamientos de Dios para la adoración, instrucción, disciplina, comunión o misiones.

Artículo VIII - Ancianos que manejan bien sus hogares

Afirmamos que una casa bíblicamente ordenada, incluyendo la manera en que un anciano ama a su esposa y criar a sus hijos, es de gran importancia para la iglesia porque los ancianos están calificados y probados en parte por cómo manejan sus hogares así como cómo el hogar responde a su ordenanza. "Porque si alguno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?" (1 Ti. 3: 4-5; Tit. 1: 5-9).

Negamos/rechazamos que las calificaciones bíblicas para la vida doméstica de un anciano o anciano potencial sean desechadas o minimizadas o que las iglesias puedan ignorar el capacitar a los padres para dirigir sus propias casas según la Palabra de Dios, educando a sus hijos "en la disciplina y la amonestación del Señor ", y tener a sus" hijos en sujeción con toda gravedad" (Ef. 6: 1-4; 1 Ti. 3: 4).

Artículo IX - La Iglesia y la Familia Proporcionan Jurisdicciones Superpuestas

Afirmamos que la iglesia local y la familia están separadas, pero proveen jurisdicciones superpuestas para que cada miembro de la familia que es miembro de una iglesia local esté bajo la instrucción y corrección de ese cuerpo local, donde la autoridad divina delegada es ejercitada para la instrucción y el fortalecimiento de la familia y la contención del mal, mientras que al mismo tiempo la iglesia local debe reconocer y mantener la jurisdicción de la familia (Mt. 16:18; 18: 15-17, 28: 19; 1 Cor. 4:15, 5: 11-13, 7: 3-5; Ef. 4:12, 5: 22-33, 6:1-4; 1 Ts. 5:12-13; 1 Ti. 3:1, 14-15, 5:17; Tit. 1: 7, 9, Heb. 13:7, 17; 1 P. 5:3).

Negamos/rechazamos como no bíblicos el concepto de familia autónoma en total aislamiento o insubordinación a la iglesia, así como la iglesia tiránica que pisotea o menosprecia el legítimo ejercicio de la autoridad dentro de la familia.

Artículo X - La Iglesia es esencial para la vida familiar bíblica

Afirmamos que la participación bíblica en las iglesias locales, incluyendo sus servicios de adoración, reuniones, predicación, ordenanzas, relaciones, evangelismo, oraciones e instrucción, es necesaria para equipar a individuos y familias para cumplir su misión ordenada por Dios (Ro. 12:10, 13;1 Cor. 11:33; 12:25; Ef. 4:11-12, 5:19; 1 Ts. 4:18, 5:11; Heb. 10:24-25; Stg. 5: 16, 1 P. 4:10).

Negamos/rechazamos que la familia pueda reemplazar a la iglesia, que la iglesia local debe desempeñar un papel menor en la vida de una familia, o que la familia debe descuidar la iglesia del Señor Jesucristo.

Artículo XI – La Iglesia es una familia de creyentes que incluye a las familias

Afirmamos que las iglesias locales son familias espirituales de fe, que incluyen unidades individuales de la familia las cuales son jurisdicciones separadas y distintas que deben de recibir cuidado para ser fortalecidas y cumplir con los roles ordenados por Dios, no sólo como individuos sino también como familias (Ef. 4:1-32, 5:22-33, 6:1-4; 1 Ti. 3:15; 1 P. 3:1-7).

Negamos/rechazamos la tendencia actual en las iglesias de ignorar la unidad familiar, permaneciendo ciegos a su fortalecimiento, y de manera sistemática fragmentan la familia, aquellos que no trabajan activamente para equipar a sus miembros a ser fieles miembros de la familia.

Artículo XII - La Revelación Bíblica es Suficiente para la Adoración y el Discipulado

Afirmamos que la doctrina bíblica, sus principios y preceptos que Dios ha revelado en Su Palabra para la adoración corporativa, familiar e individual y el discipulado son suficientes para saber cómo adorar a Dios de una manera aceptable para Él y para la edificación efectiva de los santos. (1 Cor. 11: 1-12, 14:34; Gal. 1: 8-9; Ef. 5: 22-33, 6:1-4; 1 Ti. 3:15; 2 Ti. 3:15-17; 2 P. 1:3-4).

Negamos/rechazamos que la iglesia deba inventar e instituir sus propios principios y métodos para la adoración corporativa y el discipulado que ignoran o reemplazan la enseñanza explícita de la Escritura.

Artículo XIII - La Iglesia es un cuerpo

Afirmamos que Dios ordena a las iglesias, familias e individuos que enseñen el evangelio y hagan discípulos en cada generación, Para que temas á Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo" (Ex. 12:26-27, 13:14; Dt. 4:9, 6:1-9, Sal. 78:1-8, 127, 135: 13, 145: 4-7; Mt. 28:18-20, Mc. 16:15, Lc. 1:50, 24: 45-47, Hch. 16:10; Ro. 10:14-15; Ef. 6: 4).

Negamos/rechazamos esas filosofías contemporáneas e individualistas que no transmiten la responsabilidad de la iglesia y la familia de proclamar el evangelio a la próxima generación, ignorando así la misión de la iglesia y la familia de evangelizar, enseñar y equipar a cada generación para adorar y servir al Señor.

Artículo XIV - El patrón bíblico es la integración por edad

Afirmamos que existe un patrón bíblico claro y consistente de adoración y discipulado para el pueblo de Dios que está integrado por edad; Y creemos que este patrón debe ser abrazado y practicado (Ex. 12: 21-27; Dt 16: 9-14, 32:46; Jos. 8: 34-35; 2 Cr. 20:13; Esd. 10: 1; Neh. 8: 2, 12:43; Jl. 2: 15-16; Hch. 20: 7-12, 1 Co. 4: 16-17, 11: 1-2, 16; 12: 12-26; 6: 1-4; Flp. 3:17; 1 Ti. 2: 1-14, 3:15; 2 Ti. 1:13, 3: 15-17).

Negamos/rechazamos que exista un patrón claro y escritural o institucional para crear culturas separadas por edad en la iglesia a través de la adoración segregada por edad y el discipulado sistemáticamente segregado por edad.

Artículo XV - La importancia del discipulado integrado por edad

Afirmamos que regresar a una metodología bíblica ordenada e integrada por edad para la adoración de Dios y el discipulado en una iglesia local es consistente con la Sagrada Escritura y crítico para la restauración del tipo de adoración y cultura de discipulado que vemos demostrada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (Dt. 31: 12-13; 2 Cr. 20:13; Esd. 10: 1; Sal. 148: 12-13, Mt. 19: 13-14; Mr. 9:36, 10:13 -16; Lc. 18 :15-17; Col. 3:20; Ef. 6: 1-4).

Negamos/rechazamos que un ministerio de integración por edad deba ser la única o incluso la consideración primaria para seleccionar o para establecer una iglesia local, porque la prioridad de consideración debe ser dada a la predicación del evangelio y la enseñanza de la sana doctrina y reconocemos que las iglesias más puras bajo el cielo están sujetas a mezcla y error.

Artículo XVI - El discipulado en la Palabra de Dios es hecho por la Iglesia y la Familia

Afirmamos que los santos de Dios de todas las edades deben ser equipados para el ministerio espiritual y la madurez por la iglesia a través de la predicación de la Palabra de Dios por los ancianos calificados, que el cuerpo se construye en amor a través de sus miembros y que en la La familia cristiana, todos los padres y madres tienen la responsabilidad de enseñar el evangelio y las verdades de la fe a sus hijos, para que sean salvos y educados en la "disciplina y amonestación del Señor" (Dt. 6: 4-7; Ef. 4: 11-12, 16, 6: 4; 1 Ti. 3: 1-7, 2 Ti. 4: 2).

Negamos/rechazamos que la iglesia pueda usurpar o socavar el papel de los padres o las responsabilidades de la familia, o que la familia pueda usurpar o socavar el papel de los ancianos o el ministerio de la iglesia.

Artículo XVII - La misión de la Iglesia y de la familia es generacional

Afirmamos que Dios ordena a las iglesias, familias e individuos que enseñen el evangelio y hagan discípulos en cada generación, "para que temáis al SEÑOR tu Dios, para guardar todos sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando, Hijo y hijo de tu hijo "(Éxodo 12: 26-27, 13:14, Deuteronomio 4: 9, 6: 1-9, Salmos 78: 1-8, 127, 135: 13, 145: 4- Mateo 28: 18-20, Marcos 16:15, Lucas 1:50, 24: 45-47, Hechos 16:10, Romanos 10: 14-15, Efesios 6: 4).

Negamos/rechazamos esas filosofías contemporáneas e individualistas que no transmiten la responsabilidad de la iglesia y la familia de proclamar el evangelio a la próxima generación, ignorando así la misión de la iglesia y la familia de evangelizar, enseñar y equipar a cada generación para adorar y servir al Señor.

Artículo XVIII - El Ministerio de la Iglesia facilita el ministerio familiar

Afirmamos que el pueblo de Dios debe ser nutrido a través del ejemplo y la instrucción de los ancianos y miembros de la iglesia en la vida cotidiana y de la importancia de padres y madres que entrenan a sus familias para cumplir la Gran Comisión a través del ministerio a los santos y el testimonio de los perdidos (Mt. 28: 19-20; Hch. 2: 46-47, 8: 4, 18: 24-26; Ef. 5: 21-33, 6: 1-4; Tito 2: 2-6; Heb. 3: 13).

Negamos/rechazamos métodos o programas de fragmentación familiar que ignoran la naturaleza de la iglesia como el pueblo de Dios en comunidad y que desplazan o desalientan el alcance del ministerio familiar.

Artículo XIX – Satanás es un engañador

Afirmamos la advertencia de las Sagradas Escrituras que desde el jardín del Edén, Satanás, el padre de la mentira y el engañador de los hermanos, ha usado su sutil artimaña desde el principio para cuestionar la Palabra de Dios: “Conque Dios os ha dicho …?” (Gn. 3:1; Is. 8:20; Jn 8:44; 2 Co. 10:5, 11:3, 14; Col. 2:8; Ap. 12:9).

Negamos/rechazamos que los hijos de Dios corporativa o individualmente deben adoptar y emplear las filosofías no bíblicas, metas y métodos de este mundo caído en nuestras iglesias y familias y por lo tanto sucumbir al engaño del adversario.

Artículo XX – Dios exige examinarlo todo

Afirmamos que Dios nos insta a “examinarlo todo cuidadosamente, y unirnos a lo que es bueno”, además, “que cada uno examine su propia obra”, especialmente cuando el pueblo de Dios no está avanzando de acuerdo con el patrón bíblico (1 Ro. 12:2; Ef. 5:10, 17; Ts. 5:21; Gl. 6:4).

Negamos/rechazamos que los ancianos que pastorean el rebaño de Cristo no tienen necesidad de examinar cuidadosamente la Palabra infalible de Dios con respecto a su papel en su propia iglesia, las creencias, prácticas y los papeles y relaciones de las familias, maridos, esposas, padres, madres, niños y demás individuos de su propia iglesia.

Artículo XXI – El Juicio Comienza con la Iglesia

Afirmamos que Dios ha declarado que “el juicio comienza por la casa de Dios” y por lo tanto, nosotros como cristianos tenemos que humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, buscando juzgarnos nosotros mismos para no ser castigados aún más (1 Pedro 4:17.; 5:6).

Negamos/rechazamos que la Iglesia debe continuar desobedeciendo a Dios y retrasar arrepentimiento y su reforma, o que va a escapar de la ira de Dios por causa de la desintegración y la destrucción de la familia al ignorar o tomar a la ligera los roles y responsabilidades bíblicas de la misma.

Por lo tanto, a la luz de esta nuestra fe, lo hacemos por medio de:

  1. Preservar el verdadero evangelio de una generación a la siguiente, a través de iglesias y familias ordenadas bíblicamente que exaltan a Cristo, predicando el evangelio.

  2. Confiar solamente en las Escrituras para "todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad" (2 P. 1: 3), obedeciendo la Biblia como totalmente suficiente para ordenar a la iglesia y la familia, y resistir el engaño de Satanás diseñado para suplantar las metas y métodos de Dios con los métodos del mundo.

  3. Centrar las iglesias y las familias en la Palabra de Dios, restaurando la práctica de enseñar todo el consejo de Dios a través de la predicación exegética de la Escritura en la iglesia por los ancianos bíblicamente calificados y la instrucción diaria en los hogares por padres y madres.

  4. Establecer la importancia central de la iglesia local para el equipamiento de individuos y familias.

  5. Revivir el papel y la funcionalidad bíblicamente definidos de la familia donde los padres enseñan diligentemente a sus hijos cuando "se sientan en su casa", cuando "caminan por el camino", cuando "se acuestan" y cuando "se levantan" y donde la masculinidad y feminidad bíblicas son restauradas (Dt. 6: 7, Tito 2: 1-8).

  6. Recuperar la naturaleza relacionalmente rica de la iglesia local como la familia de Dios siguiendo los patrones bíblicos de adoración, discipulado y hospitalidad.

  7. Consultar con las iglesias bíblicamente sólidas que a su vez plantan iglesias, que perpetúan la fidelidad a la Palabra de Dios en asuntos tanto de la iglesia como de la vida familiar.

Definiciones

Adoración

Cuando usamos esta palabra, nos referimos a las reuniones que se rigen por lo que se llama el "principio regulador de la adoración". Este principio habla de la reunión sagrada del pueblo de Dios en el Día del Señor donde se da la predicación de la Palabra, la lectura de la Palabra, canto, oración, reunión de diezmos y ofrendas, y la observancia de la Cena del Señor. Creemos que la adoración corporativa de Dios está más altamente regulada que las otras actividades de la iglesia, incluyendo lo que la Biblia refiere como "discipulado, compañerismo y evangelismo".

Discipulado

Cuando usamos este término estamos hablando de reuniones que son distintas de la adoración corporativa de Dios (aunque el discipulado sucede en la adoración corporativa), pero que proveen varias oportunidades para aprender y enseñar en el Cuerpo de Cristo, tales como compañerismo, instrucción, servicio, bautismo, disciplina eclesiástica y evangelismo. Estar involucrado en el discipulado es ser un aprendiz (Mt. 28: 19-20, Lc. 6:40). Es el papel de la iglesia "hacer discípulos" o literalmente, estudiantes. Creemos que las experiencias de discipulado no están diseñadas por Dios para ser tan estrictamente reguladas en comparación con la adoración corporativa. Ejemplos de esto se mencionan en muchos lugares en las Escrituras (Mt. 24:14, 26:32, 28: 18-20; Mc 6: 7; Lc. 5:10, 10: 1-3; Jn. 14:12, 15 : 16; Hch. 1: 8, 15, 2:41, 14:21; 1 Co. 9:20, 16: 1, 15, 2 Co. 5:19; Ef. 4: 7-16; 2 Ti. 2 : 2, 19). Cuando decimos que no están tan estrictamente regulados, no queremos decir que la Escritura no presenta ningún patrón. De hecho, creemos que los patrones claros de discipulado en las Escrituras están integrados en la edad, pero es nuestro entendimiento que no siempre es necesario asegurar que cada reunión para el discipulado sea integrada por edades.

Patrones

Con esto queremos decir el método consistente, pero no implícitamente exclusivo que es discernible en la enseñanza y los ejemplos en la Escritura. Estos patrones de la Escritura comunican la voluntad de Dios para Su iglesia y deben ser tomados muy en serio y seguidos, sin embargo, puede haber de vez en cuando variaciones legítimas al patrón que no derrocan otras doctrinas y prácticas (Fil. 3:16).

Unidad

Cuando usamos este término nos estamos refiriendo a una característica bíblica en el Cuerpo de Cristo que se expresa en la unidad del cuerpo. La iglesia es un cuerpo diverso pero unificado que incluye todas las edades, etnias, posiciones sociales y estados económicos (Hch. 1:14, 4:24, 32; 1 Co. 12: 12-26; Ef. 4: 1-6) .

Suficiencia de la Escritura

Cuando usamos este término nos referimos a nuestra creencia de que la Palabra de Dios es todo lo que la iglesia necesita para la doctrina, la vida y la práctica. Queremos decir que todas las cosas deben ser gobernadas por la Escritura porque es la única y exclusiva norma infalible para el discipulado, la vida de la iglesia, la vida familiar, los roles de género, la vida laboral y todo lo demás. Sostenemos que la Escritura debe ser usada para gobernar toda la vida como las confesiones históricas argumentan:

La Confesión de Fe francesa de 1559 afirma esta Doctrina claramente:

"Nosotros creemos que la doctrina contenida en estos libros procede de Dios, de quien solo y no del hombre deriva su autoridad. Y por cuanto es la regla de toda verdad, conteniendo todos los asuntos necesarios para la adoración de Dios y nuestra salvación, no es lícito que hombres o ángeles agreguen o tomen de esta doctrina o la cambien. Y consecuentemente no es lícito oponerse a esta Sagrada Escritura por ningún motivo ya sea por antigüedad, costumbre, colectividad, o sabiduría humana, ni por juicios, o edictos, o decretos, o consejos, o visiones, o milagros; sino que todas las cosas deben ser examinadas y probadas conforme a su regla"1

Del mismo modo, la Confesión Bautista de Londres de 1689 afirma:

"La Sagrada Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento salvador, fe y obediencia ..." 2

La Confesión de Fe de Westminster explica que:

"El Juez Supremo, por el cual deben ser determinadas todas las controversias de religión, y todos los decretos de los consejos, las opiniones de los escritores antiguos, las doctrinas de los hombres y de espíritus privados, al ser examinados: no puede ser otro sino el Espíritu Santo hablando en la Escritura, en cuya sentencia debemos descansar ".

 


 

1. “From The French Confession (1559),” in Reformed Confessions of the 16th and 17th Centuries in English Translation, vol. 2, 1552-1566 (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 2010), 142.

2. The Baptist Confession of Faith and The Baptist Catechism (Birmingham, AL: Solid Ground Christian Books and Carlisle, PA: Reformed Baptist Publications, 2010), 1.

3. Westminster Confession of Faith (Glasgow City G3 6LE, UK: Free Presbyterian Publications, 1994), 24.